Una red social de vecinos, el último gran invento italiano


Marina Artusa
Federico Bastiani pensó que en algún momento del día todos sus vecinos de la Via Fondazza, en Bologna, pasarían delante del contenedor de residuos para dejar su bolsa de basura. Por eso pegó ahí el volante que había diseñado invitando a todos los que habitan las dos cuadras de Fondazza –que por capricho de todo casco antiguo miden más de trescientos metros– a sumarse al grupo que había creado en Facebook para conocer a sus vecinos y ayudarse mutuamente.

Como los corredores de seguridad que se activaron en varios barrios de Buenos Aires, la Via Fondazza –presente en las guías de la ciudad por alojar al Museo Morandi, casa de Giorgio Morandi, el pintor bolognés que murió en 1964– se convirtió así en la primera “social street” (calle social) de Italia.

“No tuve ningún otro interés que sociabilizar. Y a través de Facebook, uno puede ayudar con un click respondiendo a un vecino en dos segundos. Llevo más de tres años viviendo en Fondazza y no conocía a casi nadie. Paseando a mi hijito en el cochecito pensé que tal vez había otros nenes para jugar en la cuadra y yo no lo sabía”, dice Bastiani, un inquieto periodista freelance que descubrió su vocación en un viaje a la Argentina.

En dos meses, setecientos vecinos que viven en alguno de los 90 números que tiene la calle se inscribieron en el grupo. “Creo que el éxito de Via Fondazza Social Street es tal en 2013 por motivos económicos. No hubiera tenido la misma convocatoria en tiempos de abundancia. La crisis ha provocado el empeoramiento de la calidad de nuestra vida y la idea de compartir los consumos nos permite mantener nuestro pasar gastand o menos –dice la economista y ensayista italiana Loretta Napoleoni–. En 2010 escribí sobre la ‘pop-economy’ (economía popular) donde hablo de los jóvenes que comparten consumos porque, por lo general, no tienen dinero. Hoy eso le sucede a toda Italia.” “¿Alguien conoce un pediatra en el barrio?”, “Me voy de viaje y en la heladera quedan cuatro limones. ¿Quién los viene a buscar?”, “¿Por qué no compartimos el wi-fi?”, “Estoy escuchando una música divina, ¿en qué departamento están tocando el piano?”, son algunos de los mensajes que postean los vecinos de Fondazza que ya tienen su propia web: www.socialstreet.it.

El restaurante de la cuadra tiene menú con descuento para los “fondazziani”, tal como se autobautizaron, el cine de enfrente vende entradas más barata para los vecinos y el verdulero de la esquina regala mandarinas a los residentes de Fondazza. Organizaron una excursión grupal de trekking a las colinas bolognesas, están intercambiando recetas de cuando eran chicos y ya los vienen a ver desde otras ciudades italianas y europeas para copiar el modelo. Se citaron un domingo a la mañana para hacerse una sesión de fotos en la vereda y circula entre ellos un cuestionario a través del cual se están censando y donde cada residente aclara qué sabe hacer y cuánto tiempo tendría disponible para colaborar con los vecinos.

“Es un ejemplo concreto de lo que yo llamo felicidad responsable, una práctica virtuosa que incluye el consumo y se basa en valores como la solidaridad, la confianza y la reciprocidad –dice la socióloga Roberta Paltrinieri, especialista en sociología del consumo y profesora de la Universidad de Bologna-. Es una dimensión de la felicidad que apunta al bienestar entendido a través de la relación con los demás.” “Festejo mi cumple en el bar de la esquina”, posteó Federico Bastiani el día en el que cumplía 36. Y, por primera vez en su vida, festejó con cuarenta vecinos desconocidos que vinieron a brindar con él.


Fuente: Clarín

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